martes, 16 de febrero de 2016

Diez poemas de amor y un bolero (Parte 1ª)

Querido lector-a,

Hoy voy a empezar una serie de reseñas en las que partiendo de un poema de amor, voy a tratar de construir un pequeño relato que gire alrededor de él. Muchas veces he pensado que detrás de los poemas de amor y de las letras de los boleros hay una historia casi siempre triste. Bueno, pues vamos a tratar de reconstruir esa historia e incluso, ¿por qué no?  darle vida. ¿Os atrevéis a intentarlo?. No esperaba menos de vosotros. Si os parece vamos a empezar con un maravilloso poema de amor de Antonio Machado:


Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.

Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!...
Vive, esperanza ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!


Y aquí va la historia:


" Quién le iba a decir a Luis que terminaría viviendo en un país lejano y frio del norte de Europa. Él que hasta el invierno de la Sevilla de su alma le parecía frío. Pero la necesidad aprieta y después de mucho trastabillar de un lado para otro presentando curriculums y más curriculums, terminó aceptando una oferta muy lejos de su casa, de su ciudad y de su gente, y sobre todo, ay, de su gran amor, la niña de sus ojos, su Rocío.
Acaba de llegar del trabajo y después de una cena copiosa(en este puñetero país no paran ni para comer a medio día y hay que desayunar y cenar fuerte), se tumba en su cama a hacer lo mismo que todas las noches, soñar con su tierra y su niña Rocío. Puede imaginar el campo verde de la vereda del rio de su pueblo por donde tantas veces pasearon los dos cogidos de la mano. Al fondo las montañas azules que nunca tuvo necesidad de conocer ni atravesar. Todo lo que quería y necesitaba estaba allí, en esos paseos. En sus oídos suena la voz de Rocío, alegre y cristalina. Extiende su mano y le parece sentir la de su amor, de piel suave, pequeña y blanca como la nieve. Cuando despierta de su duermevela, piensa en lo real que era su voz y el tacto de su mano. Y después de mucho rato, se duerme con una sonrisa en los labios porque nunca perderá la esperanza de que lo que ha sido esta noche un sueño, pronto se convertirá en realidad."

Bueno, espero haber demostrado que al fin y al cabo, escribir un poema es una forma bella de contar una historia. Y como yo no tengo sensibilidad ni talento para escribir el poema, pues destripo la historia. Que Don Antonio me disculpe semejante licencia.

Quedad en paz

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