sábado, 9 de abril de 2016

La belleza de los libros

"Los libros no se han hecho para servir de adorno: sin embargo, nada hay que embellezca tanto como ellos en el interior del hogar."
          Harriet Beecher Stowe (1811-1896) Escritora estadounidense.
 
 
Querido lector-a,
 
Hoy encabezo mi reseña con una frase que resume fielmente el tema de la misma. En casi todas las casas que conozco hay libros decorando salones o zonas en las que se busca mantener una estética acogedora. Siempre que veo estos pobres libros olvidados me compadezco de ellos, ya que es evidente que están ejerciendo una misión diferente de la que en un principio tenían asignada. Yo siempre hago la misma comparación, esto es como construir un coche y dejarlo para siempre encerrado en un garaje. Para los aficionados a la lectura es fácil comprobar si una biblioteca es simplemente un adorno mas de la casa o tiene a alguien que la está disfrutando. Las más sospechosas son esas bibliotecas plagadas de volúmenes encuadernados en piel o  de colecciones completas casi siempre de temas científicos e incluso filosóficos. En estas bibliotecas por supuesto no existen los libros de bolsillo y ninguno de sus ejemplares tiene esas marcas gastadas en sus lomos que denotan el manoseo de sus dueños.
 
Hablando de esto con otro aficionado a los libros, me decía con muy buen criterio que a Él si le dan a elegir entre que hayan libros decorativos en una casa o que no haya ninguno, se decanta siempre por la primera opción. La razón es bien sencilla, ¿quién puede decir que, alguna vez algún habitante de esa casa, vencido por el aburrimiento, no decida coger un libro de su biblioteca y hasta abrirlo?. Incluso, fíjate, puede que hasta le guste y estemos asistiendo al nacimiento de un nuevo lector. Visto así, me parece hasta lógico y, voy mas allá, al fin y al cabo los libros los publican las editoriales y si así se consigue que se vendan mas libros y se puedan publicar muchos mas, pues miel sobre hojuelas. Desgraciadamente lo más habitual es que en muchas casas se compren libros para tratar de dar una imagen de nivel cultural alto que suele quedarse en mera decoración.

Resulta curioso que incluso existan ofertas de vinilos decorativos en forma de bibliotecas para decorar las paredes. Cómo no, esta aberración llega desde China, ¿de dónde si no?.
Incluso me he encontrado, buscando por ahí, una serie de consejos decorativos para que una biblioteca quede atractiva. Son tan curiosos que no puedo menos que transcribírtelos. Ahí van:

"Si eres un devorador de libros seguramente tengas una gran colección de publicaciones repartidas por la casa. En el siguiente resumen te contamos algunos secretos de decoración para tener una biblioteca impactante. Por ejemplo, recuerda siempre poner todos los libros al borde de la libreria independientemente de su tamaño para lograr un mayor impacto visual
- A la hora de colocarlos, piensa en la mejor forma para encontrarlos después (por estilos, por temas, géneros, idiomas, por sus dueños dentro de la casa...). no es necesario colocarlos por colores ni por tamaños y el collage caótico que se formará también resulta atractivo
- Saca también tus libros de bolsillo a la vista, no todos los libros tienen unas tapas de colección
- Limpia las estánterías de polvo al menos una vez al mes, aunque sea de forma rápida con un plumero. Notarás la diferencia. Cuida que no haya humedades en ningún rincón ni pared
- Si la libreria es muy grande y te sobra espacio, siempre se puede poner algún objeto de adorno que ayude a despejar la vista
- El entorno de la habitación también marca la colocación de los libros. En un salón decorado de forma clásica, debe estar la librería perfectamente ordenadas. En una buhardilla o una vivienda en el campo puede permitirse una colocación algo menos exigente."

Que, ¿curioso verdad?. Pues nada, vamos a preocuparnos un poco de poner atractiva nuestra biblioteca, eso sí no dejemos de incrementarla y sobre todo, de disfrutarla de la única manera que se puede disfrutar una biblioteca, leyendo. Por supuesto, que quede clarísimo que el valor real de un libro tiene poco que ver con su apariencia exterior.

Quedar en paz



 
 
 

jueves, 7 de abril de 2016

Cervantes y sus misterios

Querido lector-a,

Es curioso la poca información personal que tenemos de algunos de los principales escritores en nuestra lengua. El de Miguel de Cervantes es un caso realmente peculiar. Desconocemos con seguridad su lugar de nacimiento, hasta hace muy poco ni siquiera era seguro el lugar en el que se hallaba su tumba y, ahora que por fin se conoce, está siendo muy difícil localizar sus restos debido a que no existen descendientes directos y no se pueden realizar pruebas de adn. Es como si el padre de nuestro entrañable Don Quijote, nos hubiera ocultado su al parecer triste y azarosa vida para dar protagonismo a su obra y a los personajes inmortales que contienen.

Es evidente que la vida de un escritor influye de forma fundamental en su obra. Cualquier lector que se haya sumergido en las aventuras de Don Quijote, se ha dado perfecta cuenta de que todos los paisajes en los que se desarrollan sus aventuras han sido previamente hollados por los pies de Don Miguel. Es evidente que El Quijote no es una obra autobiográfica, pero, ¿te has preguntado alguna vez cuantos de los personajes que aparecen en esta novela no solo existieron en la imaginación del autor, si no que fueron inspirados por personas reales que se encontró en las muchas andanzas que la vida le deparó?. ¿De verdad que no has conocido nunca a ningún Sancho Panza?. Yo te aseguro que sí, pero, por supuesto, bastante menos graciosos que el original.

Siguiendo con la vida de Cervantes hay un autor, Andrés Trapiello, que nos habla en sus obras de muchas de las desventuras, más que aventuras, que vivió Don Miguel durante su vida. De todos es conocida su participación en la batalla de Lepanto, lo que le valió graves heridas en uno de sus brazos. Menos conocida es su desgraciada experiencia como recaudador de impuestos en Andalucía o los problemas de las mujeres de su familia con la justicia en Valladolid. Por cierto, este último episodio ha inspirado una de las última novelas de Juan Eslava Galán, " el misterioso asesinato en casa de Cervantes". En cuanto la lea os contaré cosas sobre ella. Pero bueno, no se si Cervantes estaría de acuerdo, pero si toda esa vida sirvió para que de su pluma surgiera El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, creo que mereció la vida el sufrimiento.

Como sabes, este año se celebra el cuatrocientos aniversario de la muerte de Cervantes. Pues mira, aquí va un acertijo sobre esta fecha: ¿sabías que Cervantes y Shakespeare murieron el mismo día pero en distinta fecha?. La explicación es simple, el día que murieron fue efectivamente el mismo, pero en esa época en España seguíamos ya el calendario gregoriano y sin embargo en Inglaterra seguían uno propio, por lo que la fecha era distinta. Curioso que dos de los máximos genios de la literatura mundial se fueran de este mundo el mismo día. Se ha especulado sobre si estos dos escritores llegaron a conocer sus obras. Parece que no existe constancia de que Cervantes conociera a Shakespeare, pero sí de lo contrario, ya que este último se inspiró en una de sus obras en el Persiles y Segismunda, unas de las novelas ejemplares de Don Miguel.

Un insigne filólogo describió el Quijote como ese libro que siempre se coge con gusto y se deja con pena. Alguna vez me han preguntado si he leído el Quijote completo y si quieres que te diga la verdad, la pregunta nunca ha dejado de parecerme un poco tonta. ¿Puede haber algún amante de la literatura que no haya leído el Quijote?. No creo que eso sea un mérito, más bien un placer. Desde que lo leí por primera vez no he dejado de releerlo. Pues mira, te propongo un juego que yo practico habitualmente, que ni es de azahar ni te va a estresar como el tetris y compañía. Es muy sencillo, coge tu ejemplar del Quijote, ábrelo al azar y lee el capitulo que te haya salido a relucir. Ya verás como ni una sola vez dejas de disfrutar ese rato que dediques a ello. Ya me contarás si merece la pena que patentemos el jueguecito.

Por último, déjame que rompa una lanza en contra de las llamadas versiones del Quijote, ya sean juveniles o intentos de traducción al castellano actual. Eso no son mas que paparruchas. Pero vamos a ver, ¿a quién se le ocurre preferir el chope antes que el jamón de pata negra?. Pues eso, donde esté la versión original que se quite todo lo demás.

Quedar en paz




martes, 5 de abril de 2016

El Cementerio de los Libros Olvidados

Querido lector-a,

Acabo de releer con auténtico placer una novela de Carlos Ruiz Zafón, Marina es su título, que creo que merece ser mas conocida de lo que es. En principio esta obra fue catalogada como novela juvenil, pero poco a poco, a base de lecturas y más lecturas se ha convertido en una de las mejores novelas de amor y misterio que se han escrito en los últimos años. Y digo a base de lecturas porque soy de los que cree que un libro nunca deja de escribirse, todo lo contrario se va reescribiendo y enriqueciendo cada vez que alguien lo lee.

Esta novela, ambientada como tantas otras de Ruiz Zafón, en los viejos y decadentes barrios góticos y modernistas de la Barcelona de los años cincuenta del siglo pasado, es una doble historia de amor, envueltas ambas en un misterio macabro. Estos dos amores terminan siendo imposibles como tantos otros. Uno porque el destino golpea una y otra vez a los amantes y la otra porque la muerte termina interponiéndose entre ellos. Dice el autor en la introducción de la novela que esta es tal vez su favorita y no me extraña absolutamente nada.

Cada vez que leo a Ruiz Zafón, me viene a la memoria la imagen de la mejor escena que creo haber leído y ¿por qué no decirlo?, vivido en mis muchos años de lector. Esta no es otra que la aparición en su novela La Sombra del Viento, del cementerio de los libros olvidados. Situado en algún lugar secreto de una de las zonas modernistas de Barcelona, en este cementerio se albergan miles y miles de libros escritos a lo largo de los años y olvidados por los lectores. Cada vez que un nuevo visitante tiene el honor de penetrar en este santuario, el viejo bibliotecario le acompaña a través del laberinto de estanterías y le invita a que coja un solo libro y se lo lleve. Me imagino dentro de aquel paraíso horas y horas tratando de elegir un libro que seguro marcará el resto de mi vida. Esta escena se vuelve a repetir en sus siguientes novelas, El Juego del Ángel y El Prisionero del Cielo. Por favor que ningún amante de la literatura deje de sumergirse en el cementerio de los libros olvidados. ¿Qué tal si leemos juntos el inicio del Prisionero del Viento y su escena del cementerio de los libros olvidados?. Aquí lo tienes:

El Cementerio de los Libros Olvidados

Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados. Desgranaban los primeros días del verano de 1945 y caminábamos por las calles de una Barcelona atrapada bajo cielos de ceniza y un sol de vapor que se derramaba sobre la Rambla de Santa Mónica en una guirnalda de cobre líquido. —Daniel, lo que vas a ver hoy no se lo puedes contar a nadie —advirtió mi padre—. Ni a tu amigo Tomás. A nadie. —¿Ni siquiera a mamá? —inquirí yo, a media voz. Mi padre suspiró, amparado en aquella sonrisa triste que le perseguía como una sombra por la vida. —Claro que sí —respondió cabizbajo—. Con ella no tenemos secretos. A ella puedes contárselo todo. Poco después de la guerra civil, un brote de cólera se había llevado a mi madre. La enterramos en Montjuïc el día de mi cuarto cumpleaños. Sólo recuerdo que llovió todo el día y toda la noche, y que cuando le pregunté a mi padre si el cielo lloraba le faltó la voz para responderme. Seis años después, la ausencia de mi madre era para mí todavía un espejismo, un silencio a gritos que aún no había aprendido a acallar con palabras. Mi padre y yo vivíamos en un pequeño piso de la calle Santa Ana, junto a la plaza de la iglesia. El piso estaba situado justo encima de la librería especializada en ediciones de coleccionista y libros usados heredada de mi abuelo, un bazar encantado que mi padre confiaba en que algún día pasaría a mis manos. Me crié entre libros, haciendo amigos invisibles en páginas que se deshacían en polvo y cuyo olor aún conservo en las manos. De niño aprendí a conciliar el sueño mientras le explicaba a mi madre en la penumbra de mi habitación las incidencias de la jornada, mis andanzas en el colegio, lo que había aprendido aquel día... No podía oír su voz o sentir su tacto, pero su luz y su calor ardían en cada rincón de aquella casa y yo, con la fe de los que todavía pueden contar sus años con los dedos de las manos, creía que si cerraba los ojos y le hablaba, ella podría oírme desde donde estuviese. A veces, mi padre me escuchaba desde el comedor y lloraba a escondidas. Recuerdo que aquel alba de junio me desperté gritando. El corazón me batía en el pecho como si el alma quisiera abrirse camino y echar a correr escaleras abajo. Mi padre acudió azorado a mi habitación y me sostuvo en sus brazos, intentando calmarme. —No puedo acordarme de su cara. No puedo acordarme de la cara de mamá —murmuré sin aliento. Mi padre me abrazó con fuerza. —No te preocupes, Daniel. Yo me acordaré por los dos. Nos miramos en la penumbra, buscando palabras que no existían. Aquélla fue la primera vez en que me di cuenta de que mi padre envejecía y de que sus ojos, ojos de niebla
y de pérdida, siempre miraban atrás. Se incorporó y descorrió las cortinas para dejar entrar la tibia luz del alba. —Anda, Daniel, vístete. Quiero enseñarte algo —dijo. —¿Ahora? ¿A las cinco de la mañana? —Hay cosas que sólo pueden verse entre tinieblas —insinuó mi padre blandiendo una sonrisa enigmática que probablemente había tomado prestada de algún tomo de Alejandro Dumas. Las calles aún languidecían entre neblinas y serenos cuando salimos al portal. Las farolas de las Ramblas dibujaban una avenida de vapor, parpadeando al tiempo que la ciudad se desperezaba y se desprendía de su disfraz de acuarela. Al llegar a la calle Arco del Teatro nos aventuramos camino del Raval bajo la arcada que prometía una bóveda de bruma azul. Seguí a mi padre a través de aquel camino angosto, más cicatriz que calle, hasta que el reluz de la Rambla se perdió a nuestras espaldas. La claridad del amanecer se filtraba desde balcones y cornisas en soplos de luz sesgada que no llegaban a rozar el suelo. Finalmente, mi padre se detuvo frente a un portón de madera labrada ennegrecido por el tiempo y la humedad. Frente a nosotros se alzaba lo que me pareció el cadáver abandonado de un palacio, o un museo de ecos y sombras. —Daniel, lo que vas a ver hoy no se lo puedes contar a nadie. Ni a tu amigo Tomás. A nadie. Un hombrecillo con rasgos de ave rapaz y cabellera plateada nos abrió la puerta. Su mirada aguileña se posó en mí, impenetrable. —Buenos días, Isaac. Éste es mi hijo Daniel —anunció mi padre—. Pronto cumplirá once años, y algún día él se hará cargo de la tienda. Ya tiene edad de conocer este lugar. El tal Isaac nos invitó a pasar con un leve asentimiento. Una penumbra azulada lo cubría todo, insinuando apenas trazos de una escalinata de mármol y una galería de frescos poblados con figuras de ángeles y criaturas fabulosas. Seguimos al guardián a través de aquel corredor palaciego y llegamos a una gran sala circular donde una auténtica basílica de tinieblas yacía bajo una cúpula acuchillada por haces de luz que pendían desde lo alto. Un laberinto de corredores y estanterías repletas de libros ascendía desde la base hasta la cúspide, dibujando una colmena tramada de túneles, escalinatas, plataformas y puentes que dejaban adivinar una gigantesca biblioteca de geometría imposible. Miré a mi padre, boquiabierto. Él me sonrió, guiñándome el ojo. —Daniel, bien venido al Cementerio de los Libros Olvidados. Salpicando los pasillos y plataformas de la biblioteca se perfilaban una docena de figuras. Algunas de ellas se volvieron a saludar desde lejos, y reconocí los rostros de diversos colegas de mi padre en el gremio de libreros de viejo. A mis ojos de diez años, aquellos individuos aparecían como una cofradía secreta de alquimistas conspirando a espaldas del mundo. Mi padre se arrodilló junto a mí y, sosteniéndome la mirada, me habló con esa voz leve de las promesas y las confidencias. —Este lugar es un misterio, Daniel, un santuario. Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus páginas, su espíritu crece y se hace fuerte. Hace ya muchos años, cuando mi padre me trajo por primera vez aquí, este lugar ya era viejo. Quizá tan viejo como la misma ciudad. Nadie sabe a ciencia cierta desde cuándo existe, o quiénes lo crearon. Te diré lo que mi padre me dijo a mí. Cuando una biblioteca desaparece, cuando una librería cierra sus puertas, cuando
un libro se pierde en el olvido, los que conocemos este lugar, los guardianes, nos aseguramos de que llegue aquí. En este lugar, los libros que ya nadie recuerda, los libros que se han perdido en el tiempo, viven para siempre, esperando llegar algún día a las manos de un nuevo lector, de un nuevo espíritu. En la tienda nosotros los vendemos y los compramos, pero en realidad los libros no tienen dueño. Cada libro que ves aquí ha sido el mejor amigo de alguien. Ahora sólo nos tienen a nosotros, Daniel. ¿Crees que vas a poder guardar este secreto? Mi mirada se perdió en la inmensidad de aquel lugar, en su luz encantada. Asentí y mi padre sonrió. —¿Y sabes lo mejor? —preguntó. Negué en silencio. —La costumbre es que la primera vez que alguien visita este lugar tiene que escoger un libro, el que prefiera, y adoptarlo, asegurándose de que nunca desaparezca, de que siempre permanezca vivo. Es una promesa muy importante. De por vida —explicó mi padre—. Hoy es tu turno. Por espacio de casi media hora deambulé entre los entresijos de aquel laberinto que olía a papel viejo, a polvo y a magia. Dejé que mi mano rozase las avenidas de lomos expuestos, tentando mi elección. Atisbé, entre los títulos desdibujados por el tiempo, palabras en lenguas que reconocía y decenas de otras que era incapaz de catalogar. Recorrí pasillos y galerías en espiral pobladas por cientos, miles de tomos que parecían saber más acerca de mí que yo de ellos. Al poco, me asaltó la idea de que tras la cubierta de cada uno de aquellos libros se abría un universo infinito por explorar y de que, más allá de aquellos muros, el mundo dejaba pasar la vida en tardes de fútbol y seriales de radio, satisfecho con ver hasta allí donde alcanza su ombligo y poco más. Quizá fue aquel pensamiento, quizá el azar o su pariente de gala, el destino, pero en aquel mismo instante supe que ya había elegido el libro que iba a adoptar. O quizá debiera decir el libro que me iba a adoptar a mí. Se asomaba tímidamente en el extremo de una estantería, encuadernado en piel de color vino y susurrando su título en letras doradas que ardían a la luz que destilaba la cúpula desde lo alto. Me acerqué hasta él y acaricié las palabras con la yema de los dedos, leyendo en silencio.


Por último espero que no dejéis de leer estas maravillosas novelas.

Quedar en paz


lunes, 28 de marzo de 2016

El Mundo será de ellas

Querido lector-a,

Si eres lectora te voy a alegrar el día, porque mi reseña de hoy es básicamente un homenaje a la mujer. Desde hace muchos años vengo creándome teorías personales más o menos lógicas que me ayuden a explicarme algunas cosas. Pues bien, mi teoría sobre la mujer es de las pocas que creo que tienen fundamento. Me explico:
Creo firmemente que la mujer es mejor que nosotros los hombres en muchos aspectos, a saber, son tan inteligentes o más que nosotros, son más constantes, tienen más capacidad para soportar el dolor y si a todo esto añades que muchas veces tienen mucho más carácter que nosotros ( la forma burda de llamarlo sería mala leche), pues está claro que el mundo va a terminar siendo de ellas. Y para seguir demostrando mi teoría basta darse un paseo por cualquier universidad. Por cada chico  hay como mínimo cinco chicas. Teniendo en cuenta que esas generaciones de universitarios son los dirigentes del mañana, pues está claro . Y no te digo nada si te pasas por un juzgado, eso sí mejor de visita, y compruebas el número de juezas, en aumento por días. O por un hospital, en los que ya el número de médicas está empezando a superar al de médicos. En fin una auténtica invasión justa y creo que beneficiosa para todos.
 
Tengo una amiga muy feminista que cuando lea esto me va a acusar de discriminación positiva. Puede que tenga razón, lo que no me puede negar es que siempre he sido y seré un ferviente admirador de la mujer. Y no quiero cachondeo con esto,,,,,
 
Llevando el tema a lo que ya sabes que es mi pasión, en los últimos años han surgido una cantidad importante de escritoras de una valía extraordinaria. A riesgo de olvidarme de alguna, me vienen a la memoria nombres como Rosa Montero, Lucía Echevarría, Almudena Grandes, Matilde Asensi, Luz Gabás, Julia Navarro, María Dueñas y un largo etcétera. Por cierto, poco a poco iré comentando mis novelas favoritas de esta geniales mujeres.

Sí, ya sé que actualmente todavía existe una gran discriminación de todo tipo, que todavía a igualdad de trabajo el hombre está mejor pagado, que a nivel político todavía no hemos tenido una presidenta del gobierno, pero ojo, tiempo al tiempo, y esto lo dirijo a los hombres mas jóvenes, como os descuidéis un poco, vais a quedar para sementales( perdón es broma, pero ahí lo dejo).

Os dejo un enlace con la canción de mi admirado Raphael con cuyo título he encabezado mi reseña. Aunque sé que este genial cantante no es de medias tintas, o lo odias o lo amas, ahí lo tenéis.

Quedar en paz


https://www.youtube.com/watch?v=h-xfurv4uBE




viernes, 25 de marzo de 2016

Primavera, golondrinas y catedrales

Volverán las oscuras golondrinas
de tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a tus cristales,
jugando, llamarán.

Pero aquéllas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquéllas que aprendieron nuestros nombres...
ésas .... ¡no volverán !

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.

Pero aquéllas cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
ésas... ¡no volverán !

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante el altar,
como yo te he querido...,desengáñate,
nadie así te amará .



Querido lector-a

Hoy empiezo mi reseña con estos versos maravillosos de Becquer. La razon es obvia, hoy he visto en mi jardin las primeras golondrinas. Como todo esta primavera, ellas tambien se han adelantado. El cambio climatico dirá todo el mundo. Pero, yo me pregunto, ¿esto del cambio climatico es algo nuevo?. ¿Es un proceso natural o como dicen la nayoria de los científicos es consecuencia del llamado efecto invernadero?. Pues no tengo ni idea porque en esto como en todo, "doctores tiene la Iglesia". Lo que si te puedo decir, es que no es la primera vez que en este planeta nuestro se produce un cambio climático. Además, uno de los último fue enormemente fructífero desde el punto de vista artístico. Me explico. El climatólogo británico Hubert H. Lamb, ya en 1965 acuñó el concepto de Período Cálido Medieval que se desarrolló en Europa entre los siglos VIII y comienzos del XIV. Durante estos siglos, el calentamiento climático provocó una mejora de las cosechas e incluso que determinados cereales llegaran a cultivarse hasta en la península Escandinava. Un hecho llamativo es la expansión del cultivo de la vid, que llegó a provocar la producción de vino en zonas como Alemania e Inglaterra. Para que nos hagamos una idea, actualmente uno de los pocos vinos que se obtienen en Alemania es el llamado vino del hielo, cuya uva se recolecta a - 4º centígrados, obteniéndose la fermentación de solo una melaza de la uva. Esto produce un vino dulce de sabor muy peculiar. Pues bien toda esta mejora de las cosechas, provocó un auténtico boom económico(ojo, para aquella época una bonanza económica significaba simplemente que la gente no se muriera de hambre). No obstante, en todos las villas y burgos se empezaron a construir grandes iglesias y catedrales, primero de estilo románico y luego gótico. En los monasterios, que acaparaban gran parte de la riqueza, se pudieron dedicar a copiar los textos clásicos greco-romanos, lo cual impidió que el saber de los clásicos, pilar de nuestra cultura actual no se perdiera. Incluso gracias a aquellos monjes llegó hasta nosotros información sobre la historia egipcia, a través de traducciones de historiadores como Heródoto. ¿Curioso verdad que simplemente un aumento de unos grados de la temperatura ambiente provocara movimientos culturales tan importantes?. Pues ya ves, a veces cosas que nos parecen insignificantes terminan siendo importantísimas. Ocurre muy a menudo en nuestras vidas, a veces conoces a alguien en quién apenas reparas y en poco tiempo se convierte en alguien muy importante para ti.
Por cierto, algo raro me está pasando porque, ¿Cómo es posible empezar una reseña hablando de golondrinas y primavera y terminar hablando del cambio climático y la cultura medieval?. En fin, querido lector, te pido perdón humildemente por mis digresiones. Y por último ya que hemos hablado de edad media y catedrales, no puedo dejar de recomendarte dos novelas que tratan magistralmente este tema, Los Pilares de la Tierra de Ken Follet  y La Catedral del Mar, de Idelfonso Falcones. Si no las has leído, no dejes de hacerlo, merece la pena.

Quedar en paz









 

martes, 22 de marzo de 2016

Los cuatro libros

Estimado lector-a,

Acabo de ver con horror las imágenes de los atentados de esta mañana en Bruselas. Hace unos meses leí un artículo sobre la captación de esta gentuza que se inmola en nombre de su dios, llevándose por delante a cientos de inocentes. Resulta curioso que la mayoría de ellos no conocen apenas el Corán, por lo que se les radicaliza a base de promesas de una vida mejor en un edén, muy poco espiritual por cierto, abundante en comida y mujeres bellas. Así mismo, mediante técnicas perfectamente estudiadas, se les hace sentirse importantes y auténticos héroes salvadores de su pueblo. Esto unido a que estamos hablando de gente fracasada, sin formación y sin medio de vida, provoca que en poco tiempo sus captadores tengan a su disposición  autenticas bombas de relojería listas para ser detonadas donde los ideólogos de la barbarie deciden.

Reflexionando sobre todo esto, me he dado cuenta que hay cuatro libros que han influido enormemente en la historia de la humanidad y, desgraciadamente, en su nombre se han cometido las mayores atrocidades. Por supuesto me refiero a la Biblia, el Corán, el Capital de Karl Marx y Mi Lucha de Adolfo Hitler.

En realidad no creo que estos libros en sí puedan provocar el daño que han provocado, tal vez a excepción del último, un libro evidentemente escrito para justificar atrocidades como el racismo. En los otros tres casos es evidente que el problema no está en el contenido de los libros, si no en la interpretación que a lo largo de la historia se ha hecho de ellos. En el caso de la Biblia, el primer pueblo que sufrió persecución por su defensa fue el pueblo hebreo, después, los mismos cristianos se pasaron siglos tratando por una parte de imponerse entre sí las interpretaciones que cada uno le daba al mismo libro y posteriormente tratando de imponérselo a sangre y fuego a todos aquellos que profesaban otras religiones, ya sea los musulmanes de la época de las cruzadas, o los indios  durante la conquista de América. En relación al Corán, lo ocurrido a lo largo de la historia en torno a él es tan similar al caso de la Biblia que da miedo. Las disensiones internas entre musulmanes no tienen nada que envidiar a las de los cristianos, y ahora también muchos de ellos, espero que una minoría demente, se dedican a imponer su fe por la fuerza. y, como no podía ser de otra manera, a matar y perseguir a todo aquél que no siga su estúpida ley coránica.

En cuanto a el Capital, ¿Qué decir de las barbaridades que se han perpetrado desde el siglo XIX en nombre de la revolución proletaria?. Esto ha marcado la historia del mundo hasta hace pocos años, e incluso todavía queda por esos mundos de Dios algún iluminado que se proclama marxista.

Creo que la conclusión es más que evidente, el problema no son los libros, es el ser humano, sí ese que se considera un ser racional y muchas veces no es ni humano ni mucho menos racional. Por todo ello, me parece que el mejor antídoto contra la barbarie de uno u otro signo es la educación y la cultura. Enseñemos a nuestros jóvenes que disentir es bueno, lo que es negativo es tratar de imponer nuestras ideas a los demás.

Quedar hoy más que nunca en paz





lunes, 21 de marzo de 2016

La literatura y el libre mercado

Estimado lector-a,

Hace un par de días acudí a una librería a comprar la última novela de Mario Vargas Llosa. Vaya por delante que este es un escritor al que he admirado desde hace muchos años y puedo asegurar que hay pocas obras de Él que no haya leído. Pues bien, cuando localicé la novela, Las Cuatro Esquinas, me quedé sorprendido por el precio abusivo de la misma. El libro es cuestión tiene un formato poco mas que de bolsillo y su precio sin embargo supera al  de cualquier otro con una encuadernación de más calidad. Le pregunté al librero, un viejo conocido de años, y me dijo que estaba seguro que la editorial había tenido más en cuenta el morbo que últimamente rodea al escritor, cosa que te aseguro que no voy a comentar aquí, que el valor real de la edición. Sinceramente me parece una pena que con lo difícil que es fomentar la afición a la lectura, haya editoriales que tengan en cuenta estos factores para valorar sus libros. Sí, ya sé que una editorial es un negocio y aquí lo que prima es el libre mercado y el beneficio empresarial. Se echan de menos aquellos editores, yo he tenido la suerte de conocer personalmente a dos de ellos, que anteponían su amor a la literatura a su propio beneficio.
Creo que es deber de las instituciones culturales regular adecuadamente el precio de la cultura en general y de los libros en particular. Entiendo perfectamente que la actividad de una empresa está encaminada a la consecución de beneficios, yo mismo he sido empresario muchos años y se perfectamente que o esto es así o te hundes. Pero eso no quita para que se regule de alguna manera el precio de los libros para que sean accesibles a todos. Sí, sé perfectamente que para leer no hace falta comprar libros, que hay un montón de bibliotecas que los prestan , pero la mejor forma de crear afición es que los lectores se conviertan en bibliófilos, que disfruten creando su propia biblioteca. Puedo asegurar que ese ha sido uno de los mayores placeres de mi vida.
En resumen, querido lector-a, que no compré la novela. Lo que no sé es el tiempo que voy a resistir sin comprarla, supongo que poco, pero por lo menos que quede constancia de un derecho inalienable, el derecho al pataleo.

Quedar en paz